La cirugía para perder peso, no debería considerarse la parada final, sino el primer paso de un camino, que durará el resto de la vida del paciente.

Las cirugías bariátricas no consisten en un tratamiento estético. Son intervenciones muy complejas, con un pos operatorio y una recuperación, en ocasiones complicada y con importantes riesgos y secuelas. Por eso, deberían usarse como último recurso, cuando cualquier otro tratamiento haya fracasado, y la vida del paciente sufra peligro.

En principio, solo las personas con un índice de masa corporal mayor de 40 o mayor de 35 con patologías asociadas graves, serían las candidatas a ser sometidas a una cirugía de este tipo.

Estos pacientes deberán cumplir además otros requisitos, entre los que se incluyen criterios psicológicos, de no abuso de ciertas sustancias, y fracasos continuados con otros tratamientos que llaman “tradicionales”.

¿Por qué la cirugía bariátrica no siempre funcionan a largo plazo?

Toda cirugía de esta clase debería ir acompañada de una intervención nutricional enfocada al cambio de hábitos, desde antes de la operación, así como de un programa de actividad física adecuada, y supervisado por profesionales.

Muchas de estas operaciones quirúrgicas, conllevan implicaciones dietéticas a largo plazo. El paciente tiene que cambiar su forma de comer, puede que tenga que evitar determinados alimentos o preparaciones, (no solo durante el posoperatorio, que puede obligar a varias semanas o meses de dieta líquida o triturada), reducir mucho el volumen de las ingestas, y aprender a convivir con algunos molestos efectos secundarios. Además, según el tipo de cirugía, pueden existir elevados riesgos de déficits nutricionales, que deben ser debidamente solventados.